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| La historia: En Argentina, el arte del tejido va transformando en algo que se extiende más allá de su belleza y confort. En una cooperativa que se encuentra en uno de los lugares más pobres de Buenos Aires, se ha tornado en una forma de resistencia y solidaridad. Todos en Buenos Aires conocen la Villa 31 de Retiro, el nombre del barrio evoca imágenes de pobreza extrema y carencia. Su área inmensa se extiende al lado de la autopista principal que circula la capital de Argentina, cerca a la estación de tren que comparte una parte de su nombre. Las casas improvisadas – donde viven más que 120,000 personas – son visibles desde los autos que pasan por la autopista a su lado. Detrás de la Villa, a lo largo del horizonte, esta visible la cuidad: edificios altos, brillantes, con carteles como Microsoft, Daimler-Chrysler y el lujoso Hotel Sheraton, contrasten definitivamente con la pobreza en el barrio. Emma Almirón, una activista apasionada y humilde, ha trabajado con la gente de la Villa 31 desde los 1970s. Empezó su trabajo con el padre Carlos Mugica, un cura católico cuyas palabras de esperanza y conciencia entre los pobres fueron interpretadas por los predecesores de la dictadura militar que dirigió Argentina desde 1976 hasta los primeros de los 1980s como subversivas y rebeldes. En este contexto, Padre Mugica fue asesinado por un agente paramilitar en Mayo de 1974. Su memoria todavía vive como inspiración – su vida y pasión ha sido conmemorado en libros, una película documental y una pintura colorada que decora una pared dentro de la Villa 31. El ambiente de los 1970s y 1980s en Argentina forzó a Emma dejar su trabajo con la gente de la Villa y se exilió en España por ocho anos. Después, cuando podía regresar a su país, retornó a la Villa y se encontró con muchas de las personas con quien tuvo una relación durante los 1970s. La situación no había cambiado, se empeoró. Durante la severa crisis económico que golpeo la Argentina en 2001, Emma continuaba su trabajo con la Villa e intentó, junta a la gente, pensar en algún tipo de actividad que podía permitir la gente ganar por lo menos unos pesos para darles de comer a sus familias – una actividad que también les permitió seguir creciendo como individuales y como grupo. Una vez que se dieron cuenta de que muchas de las mujeres de la Villa 31 sabían tejer, la idea de formar una cooperativa nació. La cooperativa:Empezaron lentamente, reuniéndose cada jueves en lo que Emma describe como un “container”, una estructura de metal que también sirve como la cocina de la comunidad. Como sugiere su construcción, es un horno en el verano, y difícil mantener el calor en el invierno. Al principio, solo un grupo pequeño de mujeres se reunía – compartiendo los puntos que sabían y las varias cosas que podían hacer. A medida que los esfuerzos daban su fruto, más artesanas empezaron a aparecer y Emma empezó a crear una red de amigos de fuera de la comunidad para brindar apoyo adicional. Invitadas por Emma, tejedoras con mayor experiencia y manifestando sincero interés en apoyar la comunidad vino a la Villa desde los barrios más acomodados de Buenos Aires como Recoleta y Barrio Norte para enseñar a las mujeres como perfeccionar el producto final y añadir nuevos puntos a su repertorio. Para los principiantes, también ofrecían clases más simples. Vicente Barros, del Instituto Movilizador de Microemprendimientos, ayudó a la cooperativa en los detalles legales. Para formalizar todo, el grupo fue al Banco Credicoop para abrir una cuenta bancaria. Las mujeres de la Villa llevaron sus mejores vestidos, y estaban estáticas. Para la mayoría, fue la primera vez en su vida que entraron en un banco. Otra amiga que se junto con al grupo era Mary Tapia, una diseñadora conocida de Buenos Aires, que vendió sus diseños – llevado a cabo por las mujeres de la cooperativa – a la compañía italiana, Fatto a Mano. Para cada pulóver terminado, las mujeres reciben entre $15 y $30 pesos. En general, cada artesana puede terminar dos o tres pulóveres cada semana, dependiendo de la complejidad del diseño y la habilidad individual. Petrona Fleitas de la Villa 31 admite, “No tuve trabajo por diez anos. Lo que gano ahora me permite darles de comer a mis ocho hijos.” [2] Un tema central es el cooperativismo. Emma es honesta cuando dice que el trabajo en la cooperativa no es siempre fácil – a veces hay alguien que se siente olvidada, o que piensa que está haciendo mas trabajo que las otras. Las reuniones cada jueves sirven como un forum abierto, para asegurar que todos están trabajando con las mismas metas. Emma prefiere no hablar mucho de su historia personal; como llegó a trabajar con la cooperativa y su rol actual. Sus palabras siempre regresan a contar historias sobre los miembros de la comunidad que juntos ponen la cooperativa en marcha. Cuenta cuanto sorprendidas estaban cuando un periodista de un periódico nacional les visitó para entrevistarlas por la primera vez – estaban aún mas asombradas cuando vieron sus fotos y la historia publicada, con referencia a cosas que ellas mismas dijeron. Es un ejemplo de lo que celebra Emma, algo que muestra a las mujeres que su trabajo es útil para los bolsillos – pero aún más importante, que sirve para desarrollar su propia dignidad. “Acá estaba todo muy fragmentado…y la idea era que ellas [las artesanas de la Villa 31] iban a manejar la cooperativa, que la cooperativa es de ellas y eso lo tienen muy claro. Y se van formando al mismo tiempo que van trabajando. Por eso están con polenta, porque ven que pueden crear algo diferente y sacar esta idea del fatalismo, de la miseria, de estar inmóviles frente a toda la situación que los oprime constantemente.” [4] Llena de emoción, Emma refiere a una de las artesanas que dijo que todo el proceso le permitió sentirse como un ser humano por la primera vez en su vida. El local donde se reúnen esta disponible solo los jueves. Durante el resto de la semana, las artesanas trabajan desde sus casas mientras cuidan a los niños y atienden a los quehaceres domésticos. Emma sonríe cuando cuenta sobre algunos de los maridos que comenzaron a aprender como tejer en casa, en secreto. Algunos de ellos también empezaron a asistir las reuniones los jueves para asistir a los adiestramientos básicos y avanzados ofrecidos por los voluntarios. En la presente situación, van superándose las costumbres tradicionalmente machistas que ven el tejido como un trabajo exclusivamente femenino. Sabiendo que esta inversión de roles tradicionales fue creada por su trabajo transforma la compañía de los hombres en algo excepcional. Otros temas de discusión en las reuniones de los jueves son los valores básicos como la confianza propia, la dignidad y la idea que otro mundo es posible. Emma cree en la creación de una nueva América Latina que enfrente las desigualdades sociales. Ella cuenta como antes de la crisis de 2001, muchos argentinos pensaban que vivían en Europa – que la pobreza extensa solo existía en lugares como Bolivia y Perú. Después de que 50 por ciento de la población, en menos de dos meses, cruzo la línea de pobreza durante la crisis del 2001 (más allá de los que ya se encontraban por debajo de la línea de pobreza), es difícil negar que las dificultades económicas hayan afectado casi todos. En fin, la Argentina ha sido “lationoamericanizado” en una forma rápida y dolorosa. El movimiento:El trabajo tradicional es casi inexistente para una gran parte de la población de Argentina. Como Mujeres Artesanas, existe un fuerte movimiento de cooperativas surgiendo en el país. La gente esta motivándose para encontrar su propio camino, su propio trabajo y su propia fuente de dignidad. Hay muchas fábricas que debido a la crisis, tuvieron que cerrar las puertas y fueron recuperadas por los trabajadores. Están yendo al trabajo como siempre, transformándose en sus propios gerentes y jefes. Están restableciendo relaciones con los clientes que la fábrica tenía antes y trabajando intensamente en mantener la fábrica en actividad. No ha sido fácil. En muchos casos, el dueño anterior de la compañía llama a las autoridades con el objetivo de expulsar a los trabajadores, normalmente por la fuerza. Pero es difícil derrotarlos. En mayo de 2003, la organización Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER) fue establecido formalmente y representa alrededor de 180 compañías y más de 10,000 trabajadores en Argentina hoy en día. Estos negocios representan al sector industrial (suministrando tractores, autos u otros equipos), fabricas textiles y a la industria de alimentación, por ejemplo. Con la consigna, “Ocupar, resistir y producir”, la misión del MNER es luchar para incorporar leyes que tomen en cuenta esta nueva forma de organización social y organización del trabajo. No existe otra opción. Las fábricas recuperadas son distintas de la experiencia de las artesanas de la Villa 31 en varios aspectos. Por ejemplo, las Mujeres Artesanas han construido algo donde antes no había nada. Pero la energía es igual. Millones de personas en Argentina se encuentran fuera del sistema, marginados por la sociedad. Con el gobierno preocupado en hacer frente a la presión internacional por motivo de su enorme deuda publica, cooperativas como Mujeres Artesanas están haciendo lo que puedan para reconstruir donde el sistema faltó.
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“Me acuerdo que cuando tenia 11 anos empecé a tejer con mi abuela en Jujuy. Y después miraba como tejían en la escuela. Y como a mi me gusta el tejido, mas al crochet, empecé a hacer cortinas, manteles, cubrecamas. Siempre era mi sueno tener un grupo de gente y tener mi propio taller de tejido, mi maquina. Yo tenia mi maquina y cuando vine de Jujuy la perdí y no me la pude comprar mas.” [1] – Gabriela Irusta, Villa 31
La cooperativa no tuvo un nombre formal hasta que los medios periodísticos comenzaron a contar la historia de la cooperativa. Ahora, La Cooperativa de Mujeres Artesanas de la 31 cuenta entre 20 y 25 mujeres, y va fortaleciéndose.
Aparte de su trabajo, Emma anima a las
mujeres a discutir sus luchas diarias durante las reuniones semanales
– la violencia domestica, los maridos sin trabajo, los desafíos
que enfrentan para mantener sus casas, los niños…la lista
continua. Las reuniones son diseñadas para ser una fuente de "aprendizaje
de vida" en general. También, enfatizan la salud mental. Como
explica Emma, algunos de los voluntarios que vienen a las reuniones son
psicólogos profesionales que ofrecen sus servicios a las mujeres
de la cooperativa en nombre de la solidaridad.
El primer pedido de trabajo desde Italia ya fue atendido, y uno de Québec esta en marcha. Ventas pequeñas a minoristas de alta escala alrededor de los barrios fashion de Buenos Aires también llegan a menudo. Una de las misiones de la cooperativa es ayudar a los artesanos a dar a conocer sus trabajos; la calidad y el estilo de los tejidos hablan por si mismo.
“Somos un nuevo actor social, generando
un nuevo consenso. Frente al fracaso de los de la administración
empresarial, reemplazamos el esfuerzo individual por el colectivo, como
el crisis pide. En nombre de nuestra bandera, promovemos los trabajadores
como una solución a través de auto-gestión, moviendo
del conflicto social a un consenso productivo.” [5]
Endnotes: |